Transporte gratuito para compras superiores a 60€ y entregas en la península. Debido a las altas temperaturas, no realizamos envíos a EEUU durante el mes de agosto.

Moneu, Forcada y Sumoll: variedades para entender el futuro del vino

Sumoll Parés Baltà

El pasado que vuelve al viñedo: Moneu, Forcada y Sumoll

En algunos viñedos antiguos, en márgenes o en pequeñas parcelas familiares, han sobrevivido cepas que parecían olvidadas. Algunas resistieron el paso del tiempo, la filoxera, el abandono y décadas de viticultura orientada hacia variedades más productivas o más fáciles de trabajar.

Entre estas variedades, destaca el sumoll, que ha demostrado su relevancia en la viticultura contemporánea.

Hoy, estas cepas vuelven a tener voz. Y lo que nos cuentan es que el futuro del vino también puede nacer del pasado.

¿Qué significa recuperar una variedad ancestral?

La recuperación de una variedad ancestral empieza con una voluntad de búsqueda e investigación. El primer paso es localizar cepas antiguas que hayan sobrevivido en el territorio. De estas cepas se recogen pequeñas partes vivas, como sarmientos o yemas, que permiten reproducir la variedad y volver a plantarla. En viticultura, esto se conoce como material vegetal.

A partir de ahí, se analiza su ADN, se estudian sus características ampelográficas y se comprueba si realmente se trata de una variedad diferenciada.

Si la variedad tiene interés, el material vegetal se sanea, se multiplica en vivero y se planta en parcelas experimentales. Durante años se observa cómo se comporta en el viñedo: su resistencia a la sequía y al calor, su maduración, su acidez, su producción y el potencial de los vinos que puede ofrecer.

Es un proceso largo, puede llegar a durar hasta 20 años, pero necesario. Antes de que una variedad pueda plantarse y comercializarse legalmente, debe demostrarse que es genéticamente singular, estable, interesante desde el punto de vista agronómico y capaz de producir vinos de calidad.

Moneu y Forcada: patrimonio recuperado

La Moneu y la Forcada forman parte de este patrimonio vitícola recuperado. Son variedades que habían quedado prácticamente olvidadas y que, gracias a años de investigación, observación y microvinificaciones, han podido volver al viñedo y a nuestras copas.

En el caso de la Moneu, su origen está bastante bien documentado. Fue localizada cerca de Querol, en el Alt Camp, a finales de los años noventa, y su nombre está vinculado al topónimo “Coster del Moneu”. La Forcada, en cambio, tiene un origen menos claro, aunque su nombre parece estar relacionado con topónimos catalanes asociados a formas bifurcadas, en forma de horca o de Y.

En ambos casos, el nombre conserva la memoria del lugar donde estas variedades sobrevivieron durante décadas antes de ser recuperadas.

Sumoll: más que una recuperación, una revalorización

El Sumoll tiene una historia diferente. No desapareció completamente del Penedès, pero durante muchos años quedó relegado a un segundo plano. Se consideraba una variedad difícil, rústica, poco productiva y de calidad irregular.

Con el tiempo, varios viticultores y elaboradores demostraron que, bien trabajado, el Sumoll podía dar vinos muy singulares, frescos, vibrantes y profundamente vinculados al paisaje penedesense.

Por eso, en el caso del Sumoll, no hablamos tanto de recuperación como de revalorización: una variedad histórica que vuelve a ocupar el lugar que merece.

Cómo cultivamos y vinificamos la Sumoll, la Moneu y la Forcada en Parés Baltà

En Parés Baltà cultivamos Moneu y Forcada desde el año 2019. La primera vinificación se realizó con la vendimia 2021, en plena etapa de sequía severa. Tanto la añada 2021 como la 2022 fueron elaboraciones experimentales, y finalmente ha sido la cosecha 2023 la que, en 2026, ha salido al mercado con los nombres de Natiu Forcada y Natiu Moneu.

La Moneu está plantada en vaso en la viña de Cal Jepet, en la falda de la Serra d’Ancosa, en Torrelles de Foix, a 450 metros de altitud. La Forcada está plantada también en vaso en la viña de la Creu de Subal, en la Serra d’Ancosa, en Pontons, a 750 metros sobre el nivel del mar.

En cuanto al Sumoll, en Parés Baltà lo vinificamos desde la cosecha 2017. Empezamos a plantarlo en 2015 en la viña de Les Valls, dentro del Espacio Natural Protegido del Foix, injertando pies americanos en una ladera situada junto a la masía. Más adelante, en 2019, reinjertamos la viña que hay delante de la bodega, sustituyendo el Merlot por Sumoll y optando por un sistema de conducción vertical en espiral que llamamos twister.

Con el tiempo, descubrimos que dentro del material vegetal injertado había uvas de dos tamaños diferentes: Sumoll de grano pequeño y Sumoll de grano grande. De esta diversidad nacen dos vinos: Neolític, elaborado con Sumoll de grano pequeño, y Grosella, elaborado con Sumoll de grano grande procedente de una viña cercana a Pacs del Penedès.

Variedades antiguas para un clima nuevo

Uno de los grandes valores de estas variedades es su papel en el contexto actual de cambio climático.

La Forcada mantiene una acidez elevada incluso en años cálidos y tiene un ciclo largo de maduración, lo que ayuda a elaborar vinos blancos frescos en un escenario de aumento de temperaturas.

La Moneu muestra una buena resistencia a la sequía, tolera bien las temperaturas elevadas y permite elaborar vinos equilibrados, con buena acidez y graduaciones moderadas.

El Sumoll, como variedad mediterránea históricamente adaptada a condiciones de calor y escasez hídrica, da vinos con tensión, frescura natural y una tanicidad que evoluciona muy bien en botella.

Son variedades que tienden a acumular los azúcares de forma moderada, lo que permite obtener vinos con graduaciones contenidas, entre 11 y 12,5%, y con una acidez viva. Este perfil encaja muy bien con el momento climático que vivimos y también con el estilo de vino que el mercado busca cada vez más: vinos fluidos, ligeros, frescos, con fruta y con una graduación baja o moderada.

Una mirada al futuro desde el territorio

En Parés Baltà entendemos estas variedades como una forma de escuchar el territorio. No se trata solo de recuperar nombres antiguos ni de mirar atrás con nostalgia. Se trata de observar qué nos puede enseñar la viña, qué variedades se adaptan mejor a nuestro paisaje y cómo podemos elaborar vinos más honestos, más mediterráneos y mejor preparados para el futuro.

Moneu, Forcada y Sumoll son memoria viva del Penedès. Pero también son una posible respuesta a los retos que vendrán.