3 de septiembre y ya hemos terminado la vendimia, que comenzamos el lunes 3 de agosto.
Este calendario, impensable hace solo unas décadas, confirma hasta qué punto la vendimia se ha adelantado y concentrado. Lo que hace veinte o veinticinco años ocupaba dos meses completos, ahora, con una superficie de viñedo similar, se concentra en poco más de un mes.
En Parés Baltà, todos recordamos que, durante los años setenta y ochenta, la vendimia comenzaba en septiembre y se alargaba hasta bien entrado octubre. Ya en los años 2000, la tercera generación recuerda que empezar a vendimiar el 25 de agosto, coincidiendo con la Fiesta Mayor de Vilafranca, era noticia.
Un calendario que se ha ido adelantando
El adelanto de la vendimia es una realidad que hemos observado claramente durante los últimos veinticinco o treinta años.
La plantación de variedades francesas más tempranas, introducidas sobre todo entre los años ochenta y noventa, ya representó un primer punto de inflexión. Posteriormente, el aumento generalizado de las temperaturas ha extendido este adelanto a prácticamente todas las variedades.
Comenzar a vendimiar a principios de agosto ya no es noticia. En los últimos años, algunas bodegas del Penedès incluso han iniciado la cosecha a finales de julio. Este 2026, las primeras uvas de la zona comenzaron a vendimiarse el 22 de julio.
Han quedado atrás aquellas vendimias más escalonadas, en las que el Macabeo y el Xarel·lo alcanzaban su punto álgido entre la primera y la segunda semana de septiembre.
El 19 de agosto vendimiamos la Moneu y, al día siguiente, el Macabeo ya había superado su momento óptimo, mientras que el Xarel·lo de las zonas más bajas se acercaba a él. En cambio, el de los viñedos más altos todavía se encontraba aproximadamente un grado y medio por debajo.
No fue hasta el 28 de agosto cuando vendimiamos el Xarel·lo y la Malvasía de Sitges de los viñedos de altura del Subal, cerca de Pontons. La Cariñena Blanca llegó el 31 de agosto y, el 1 de septiembre, vendimiamos el Sumoll de la parcela situada junto a la bodega.
Esta diferencia de maduración pone de manifiesto la importancia de la altitud. Los viñedos elevados, combinados con variedades tardías o ancestrales como la Garnacha y el Sumoll, nos proporcionan un margen de tiempo muy valioso ante el aumento de las temperaturas.
Hoy damos por terminada la parte principal de la vendimia 2026. Solo queda la Forcada, plantada a 650 metros, que dejaremos madurar un par de semanas más antes de vendimiarla.
Calor durante el día y también durante la noche
El calor sostenido, con temperaturas elevadas tanto de día como de noche y más de quince noches tórridas consecutivas, hace que los controles de maduración puedan cambiar drásticamente en solo cuatro días. En los viñedos de montaña, este proceso presenta un cierto desfase.
Hace pocos años apenas hablábamos de noches tropicales, y mucho menos de noches tórridas. Hoy forman parte habitual de nuestro vocabulario: una noche tropical es aquella en la que la temperatura no baja de los 20 °C, mientras que en una noche tórrida la mínima se mantiene por encima de los 25 °C.
La canícula, que antiguamente asociábamos a dos, tres o cinco días de calor intenso durante el mes de julio, ha dado paso a olas de calor más largas y recurrentes. Y las temperaturas nocturnas tienen tanta importancia como las diurnas, porque la planta no dispone de horas frescas para ralentizar la respiración y recuperarse.
Todo ello hace que la maduración se concentre y que la vendimia se acorte. Para recoger la uva en el momento adecuado necesitamos muchas más personas trabajando simultáneamente. Hace años vendimiábamos con equipos de 25 o 30 personas; posteriormente pasamos a 40 o 50 y, actualmente, necesitamos entre 90 y 100 vendimiadores desde el primer día.

Una cosecha sana
Desde el punto de vista cualitativo, la uva presenta un estado sanitario excelente. La falta de lluvia y el calor han reducido considerablemente la presión de las enfermedades fúngicas.
La gestión biodinámica de nuestros viñedos también desempeña un papel importante. Al fomentar la biodiversidad, mantener los suelos vivos y trabajar de acuerdo con los ciclos naturales de la viña, buscamos fortalecer las plantas y ayudarlas a afrontar unas condiciones climáticas cada vez más exigentes.
Las lluvias del invierno permitieron que las plantas se recuperaran, con una buena vegetación, una floración abundante y un muy buen cuajado. Hacía años que no veíamos una cantidad potencial de fruto tan buena.
Sin embargo, la primavera seca impidió que las bayas aumentaran de tamaño. Los granos son más pequeños y los racimos pesan menos de lo que esperábamos después de aquel buen cuajado.
Vendimiar cuando todavía es de noche
Otro aspecto que hemos tenido que cambiar son los horarios de la cosecha.
Como siempre en Parés Baltà, vendimiamos la uva a mano. Esto nos permite seleccionar cada racimo en el propio viñedo y manipular la uva con el máximo cuidado desde el primer momento.
Antes empezábamos a las ocho de la mañana. Más adelante adelantamos el inicio a las siete o las seis. Actualmente, las circunstancias de calor extremo nos obligan a comenzar de madrugada, alrededor de las cuatro, y terminar entre las doce y la una del mediodía.
Lo hacemos para proteger a las personas que trabajan en el viñedo y para que la uva llegue a la bodega lo más fresca posible.
Este cambio también ha modificado la organización de la bodega. Empezamos a trabajar mucho antes, pero también terminamos antes. La uva llega fresca de madrugada y los mostos entran en unas condiciones impecables. En este sentido, todo son ventajas.
Una nueva manera de interpretar la uva
El criterio enológico también ha ido evolucionando. El cambio climático nos obliga a anticipar decisiones para conservar la acidez, la frescura y el equilibrio de los vinos. Al mismo tiempo, el mercado demanda vinos más ligeros, aromáticos y fluidos, con un interés creciente por los blancos y los espumosos.
Esto no significa abandonar los grandes vinos tintos ni los vinos clásicos. Continuaremos elaborándolos, aunque en algunas añadas sea en cantidades más pequeñas, y conservando botellas que nos permitan construir un histórico de diferentes cosechas. Son vinos que honran el legado de nuestra región y el esfuerzo de nuestros antepasados.
Hasta ahora, los parámetros enológicos de la vendimia 2026 son muy buenos, con un buen equilibrio entre grado y acidez. Pero, en un contexto de calor extremo, una parcela puede sorprenderte de repente con un 14 % de alcohol probable y obligarte a actuar con rapidez.
En Parés Baltà vivimos esta transformación desde principios de los años 2000, observando, recogiendo datos y adaptando cada decisión al viñedo y a la bodega.
Estos cambios han hecho nacer nuevos vinos y nos han obligado a revisar muchos puntos de vista. También explican nuestra propia evolución como viticultores y enólogos ante unos cambios climáticos y de consumo que han llegado para quedarse.
El futuro del que hablábamos hace unos años ya está aquí. En el Penedès, la vendimia se ha desplazado decididamente hacia agosto y, en algunas zonas y variedades, ya comienza a finales de julio.
Ha cambiado el calendario, pero también nuestra manera de trabajar, interpretar el viñedo y elaborar los vinos. La ilusión, sin embargo, es la misma que el primer día.





